Cómo proteger tu huella digital de riesgos y crisis

Somos nuestro peor enemigo si no sabemos controlar el comportamiento en las redes sociales: Qué hacer cuando metemos la pata y también, cuando somos víctimas de acoso en la Red

Cómo proteger tu huella digital de riesgos y crisisInsultos. Amenazas. Acoso verbal. Las redes sociales son lugares donde proliferan comportamientos cínicos y crispados: lejos de mantener conversaciones desde la diversidad, convierten las palabras en dardos hostiles que no saben de educación y menos de argumentación, que buscan ofender, descargar ira, poner en evidencia, o hacer daño. Algunas veces de manera premeditada, otras fruto de la impulsividad y la inconsciencia de no entender el marco digital en el que hoy se desarrollan las relaciones. La empatía emocional en las redes no es algo que suele abundar, si las ganas de ofender y de prácticas de acoso colectivo, de linchar, más desde el escudo del anonimato. ¿Qué hacer cuando hemos cometido un error que afectan nuestra reputación digital? ¿Cómo gestionar ser protagonistas en las redes del ataque y la ira negativa por comportamientos reprochables que impactan tanto en el ámbito personal como profesional?

Lo primero de todo es desterrar una idea extendida y que causa bastante daño: no hay un una identidad “off” y otra “on”, no son dos mundos diferentes. La dimensión digital nos afecta a todos y no es algo independiente, externo o efímero, ha llegado para quedarse y forma un todo indivisible con nuestra persona. Por ello, no hay que tomarse a la ligera nuestro comportamiento en las redes sociales. Y no, no existe un ámbito particular y otro profesional.

La segunda idea a eliminar es el concepto de impunidad, de que aquí, en el comportamiento digital, se puede decir cualquier cosa y no pasa nada, es anecdótico y no tiene repercusiones en la vida no virtual. Una idea errónea y que se debe en gran parte a lo primero, a pensar que existen compartimientos estancos entre lo que es virtual y no virtual, lo que es personal y lo que es del ámbito de trabajo. Todo lo que decimos y hacemos en la red tiene efecto en nuestra identidad y puede tener consecuencias administrativas y legalesY el contenido generado por terceros forma parte de nuestra identidad digital. Nos guste o no. Y es aplicable a personas y a organizaciones de igual manera.

La identidad digital corporativa se complementa y alimenta también de lo que usuarios, clientes, opinan, y también de lo que dicen y hacen los propios empleados en sus redes sociales. Este es un camino de doble vía. Sobre el aspecto específico de cómo deben actuar las empresas en circunstancias donde el comportamiento personal de los empleados en sus redes pone en riesgo o genera un crisis de reputación, en este post del blog de Crisis y Riesgos de Llorente & Cuenca hablo específicamente de las medidas preventivas que deben de tomarse en las compañías.

Una persona no se puede permitir expresar en redes sociales lo que le venga en gana. Parece obvio, pero es imprescindible recordarlo por las situaciones que se dan, además, tanto la tecnología como las personas van en sus desarrollos y comportamientos por delante de la ley. Tampoco es ninguna solución no estar presente en ninguna red social, en un entorno digital evitarlas no es buena idea y si más contraproducente que el hecho de actuar en ellas con prudencia y evitando riesgos. Si una persona ha publicado algo en sus redes sociales que no debería y ha provocado una reacción en su contra estos aspecto pueden ayudarnos a saber cómo encajar la situación:

  • NO BORRES. Da igual que borremos contenidos, en Internet las posibilidades de que quede huella son claras y más nos vale invertir en programar nuestra mente en ser consciente de ello, en practicar el “sentido común”, o simplemente el pensarnos dos veces el efecto de eso que vamos a decir o hacer de manera pública y con efecto global.

Si el error ya está hecho, no es momento de lamentaciones, de excusas y pretextos, si no de pasar a la acción para minimizar su impacto.

  • PIDE PERDÓN. Si hemos metido la pata, hay que reconocerlo, hay que decir que no hemos estado afortunados en el comentario y/o contenido. Hay que pedir perdón a quien con ello hemos agredido directamente y, también, a quienes indirectamente pueden verse afectados, por ejemplo, la empresa donde trabajamos o una organización de la que somos miembros. Y hay que hacerlo utilizando el mismo canal en el que lo hemos efectuado. Las disculpas deben ser públicas.
  • ASUME EL ERROR. No podemos actuar como si no hubiese ocurrido, hay que hacerlo con el mejor tono natural que se pueda para ni minimizar ni magnificar: aceptar el error con naturalidad, mostrar arrepentimiento y si terceros nos preguntan sobre lo ocurrido saber qué se va a decir de manera pública.
  • TE DIRIGES A PERSONAS. Que no veamos a la persona cara a cara en las redes sociales, no quiere decir que no nos estemos dirigiendo en definitiva a personas de carne y hueso. Lo que digamos debe resultar creíble y para ello debemos ser empáticos ante nuestro error, conscientes de que puede sacarse de contexto. Aclarar lo ocurrido, explicar, es una oportunidad que puede que no tengamos, por lo tanto, debemos aprovecharla y generar ese momento.
  • TEN PRUDENCIA. No se trata de dejar de usar esa red social, pero si de retomar su actividad pasado un tiempo prudencial ¿cuánto? Dependerá de la gravedad del error cometido y de cual se la necesidad de “lavar la imagen”, pero si dejar que pase la viralidad del tema. Poco a poco retomar nuestro ritmo de presencia en las redes, el que tuviéramos anteriormente.
  • IMPULSA TU CONTENIDO. Siempre nos va a venir bien el ir generando contenido nuevo que de manera natural, aunque cueste tiempo, vaya logrando enterrar la visibilidad de lo ocurrido. Para ello, las temáticas deberán estar ligadas a temas que dominemos, que no generen controversias y que se centren más en aspectos profesionales. 
  • EVITA EL CONFLICTO. Hay que temas, como la política, la religión, los comentarios sexistas o racistas, que pueden ser especialmente sensibles y dados a mal interpretaciones. En nuestra mano está evitar participar en cuestiones que pueden generar más daños que beneficios, lo cual no quiere decir que no opinemos, si no que seamos conscientes de cómo lo hacemos. Y, por su puesto, tener presente cuál es la política de comportamiento ético y de redes sociales de la compañía donde trabajamos.

Mi percepción es que queda un gran camino por recorrer en entender y poner en práctica una cultura de la prudencia, de pensar si lo que nos disponemos a publicar/comentar puede resultar humillante, insultante o injurioso para otra persona o colectivo. Conforme se avance culturalmente en entender lo digital como algo natural y transversal, este tipo de cuestiones dejarán de ser planteadas. Iniciativas como el manifiesto de la comunicación no hostil , que he firmado, las considero fundamentales para avanzar en esta cultura del valor del uso de las palabras.

Sus diez aspectos son claves que no podemos perder de vista. Igualmente, para avanzar es necesario involucrar también a todas las redes sociales para que sean ágiles y actúen ante denuncias de usuarios por comportamientos abusivos. Solo entre todos (las personas usuarias de las redes; las propias redes; la administración de cada país en la regulación que corresponda ante hechos delictivos en la red; las empresas con sus códigos de conducta y éticos), podremos avanzar en mantener opiniones y discusiones desde la diversidad en las redes sociales sin que ello implique recurrir al ataque y que, si así se produce, existan mecanismos para la defensa de quien es agredido. Hay que empezar tomando buena nota de todo aquello que publicamos, comentamos, damos likes, retuiteamos, etc. genera una percepción sobre nosotros y que tiene impacto sobre terceros, por lo que tenemos que estar preparamos para saber manejarlo. Si todo comunica, también tiene sus efectos y debemos empezar por asumir conscientemente esa responsabilidad dentro de las grandes oportunidades que se abren con el uso de las redes sociales.

Somos nuestro peor enemigo si no sabemos controlar el comportamiento en las redes sociales: Qué hacer cuando metemos la pata y también, cuando somos víctimas de acoso en la Red

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