El reto de la comunicación interna con nosotros mismos

Consejos para comunicarte mejor contigo y dejar de ser tu peor enemigo.

Somos nuestro mayor crítico y la mayoría de las ocasiones nuestras conversaciones son para reprocharnos, empequeñecernos, limitarnos, hacernos dudar o sacar nuestras debilidades.

La comunicación interna con nosotros mismos es clave, ya que somos nuestro mayor crítico y la mayoría de las ocasiones nuestras conversaciones son para reprocharnos, empequeñecernos, limitarnos, hacernos dudar o sacar nuestras debilidades.Hoy has tenido al menos 60.000 pensamientos. Yo también. ¡Uf!! Sí, aunque no lo parezca, nuestra mente no descansa ni un segundo y esa cifra, que asusta un poco, es el número de pensamientos que como mínimo tenemos al día. Demasiados ¿verdad? La cifra se me ha quedado rondando en mi cabeza desde que la escuché durante la celebración del Inspiration Day organizado por Womenalia. De todos esos pensamientos la gran mayoría son bloqueantes y negativos, limitantes de nuestras capacidades, de esos que lejos de ayudar nos paralizan y contribuyen a que nos minusvaloremos.

Esos pensamientos los producimos nosotros mismos con nuestras conversaciones interiores, esas que están predominantemente gobernadas por el ‘NO’. Si queremos dar lo mejor de nosotros, desarrollar todo nuestros potencial, impulsar nuestra vida personal y profesional, que van de la mano, tenemos irremediablemente que aprender primero a comunicarnos mejor con uno mismo. ¡Y cuesta! Ya lo creo que cuesta, pero con constancia y nuevos hábitos puedes dar un giro a tus conversaciones contigo y empezar a notar cambios en tu vida.

Es cierto que tenemos un gran trabajo por delante para sacarnos de la mochila el limitante lastre comunicacional con nosotros mismos. A veces somos nuestro peor enemigo, muchas más veces de las que nos gustaría. ¿Cómo evitarlo? ¿Qué hacer para no caer en la inercia del autobloqueo? En este post (aquí) ya abordé en parte el tema (el poder curativo de las palabras), pero ahora lo enfoco desde otro punto de vista, sobre todo después de haber escuchado la brillante intervención de Juana Erice (@JuanaErice) en el Inspiration Day de Womenalia, una iniciativa y modelo de negocio que sin duda impulsa el emponderamiento de la mujer profesional y espero que llegue el día en que no sean necesarias iniciativas como ésta por la evolución social.

La intervención de Juana Erice (aquí puedes ver el vídeo) me gustó por su contenido, por su claridad expositiva y buena comunicación pero, sobre todo, porque se trata de una cuestión a la que no se le suele dar la importancia que tiene y es algo vital, tanto para mujeres como para hombres, aunque especialmente para las mujeres. Las mujeres tenemos mayor inercia a que estas conversaciones sean más duras, exigentes, inflexibles y negativas, la mayoría de las ocasiones para reprocharnos, empequeñecernos, limitarnos, hacernos dudar y ser vulnerables, sacar nuestras debilidades, etc.

Dedicándome a la actividad de la comunicación y tras pensar en el tema, y también por ser parte afectada, es básico aprender a controlar nuestros pensamientos y desarrollar nuestra fortaleza mental. La comunicación es relevante en nuestra vida. La comunicación ayuda a las personas a ser mejores, y la buena comunicación es esa comunicación transformadora que con su ejercicio cambia la vida de las personas, de las empresas, de las organizaciones. La comunicación da sentido a lo que somos, a lo hacemos, a lo que aspiramos. Y empieza en uno mismo.

Si tienes 10 minutos inviértelos en hacerte esta sencilla pregunta:

¿Cómo te comunicas contigo?

 Ahora en verano, con el cambio del ritmo del día a día, es más fácil sacar tiempo para hacerlo. Todo parte de tener motivación para ello y, por experiencia, no hay mejor motivación que saber –y comprobar- que si lo hacemos estamos invirtiendo nuestro precioso tiempo en nosotros, en nuestra mejora y que ésta nos va a beneficiar en todos los aspectos. A través de nuestras conversaciones interiores, de lo que nos decimos, podemos ayudarnos o boicotearnos y por ello debemos aprender a tomar distancia, a ver desde otras perspectivas y con planteamientos positivos y proactivos. Y eso, como señaló Juana Erice, pasa por aprender a creernos, querernos y valorarnos y enseñar a nuestra mente a sacar lo mejor de nosotros sobre todo en los momentos más difíciles.

 ¿Cómo puedo mejorar mi comunicación interna?

Intentar ser equilibrados en nuestras conversaciones interiores es muy importante, no solemos ser conscientes de cuánto: nos permite relacionarnos mejor primero con nosotros mismos, y segundo, con los demás. Este aspecto es relevante tanto en nuestras relaciones sociales como las profesionales, más si tenemos desempeños en los que manejamos equipos y dirigimos a personas. La parte emocional domina nuestras conversaciones interiores, somos ante todo seres emocionales, por lo que tenemos que introducir poco a poco niveles racionales para no dejarnos llevar a su terreno.

  1. REFLEXIONA. El primer paso es reflexionar. Es el más duro. Nunca encontramos el tiempo, el espacio, el hueco para hacerlo, para parar y dedicarnos a pensar sin distracciones. A veces no sabemos ni cómo hacerlo, por dónde empezar esa reflexión y ello nos agobia. Lo más sencillo y útil es hacerlo delante de una papel en blanco o el ordenador e intentar ser objetivos a la hora de valorar ‘cómo te comunicas contigo’. Escribir nos ayuda a tomar distancia, ‘a ver’ con mayor distancia emocional y objetividad.

¿Soy consciente de cómo lo hago? ¿Predominan los pensamientos que son reproches? ¿Cuáles son mis pensamientos limitantes que más se repiten? ¿Ante las diversas circunstancias suelo plantearme siempre primero los aspectos negativos? ¿Por qué suelo ser tan dura conmigo misma? ¿Cuándo fue la última vez que me felicité por algo logrado? ¿Sé cuáles son mis fortalezas?

  1. QUIÉRETE MÁS. Tu nivel de autoestima tiene que tener buena salud y eso pasa por tomar cierta distancia objetiva para poder valorarnos en justa medida y con asertividad. En el fondo, tenemos que ser la mejor amiga de nosotras mismas, un aliado en lo bueno y en lo malo que acelera los cambios necesarios para crecer y desarrollarnos plenamente. Ese empezar a querernos empieza por escucharnos.

Escucha tu interior. Al igual que en la comunicación entre personas es más importante escuchar que hablar, en tu diálogo contigo mismo debes practicar la escucha y ser empático contigo mismo: respetarte ¿Por qué te encuentras mal? ¿Qué es lo que te bloquea, lo que te disgusta, lo que te preocupa? ¿Qué te hacer sentirte no 100% a gusto contigo mismo? Hasta que no te enfrentes a preguntas de este tipo no vas a poder hacer frente a la situación y actuar en consecuencia.

  1. GIMNASIA CEREBRAL. El entrenamiento tiene que ser diario. No hay nada más traicionero que nuestro propio cerebro. La tentación de caer en las manos de “esa vocecilla interior” que siempre plantea pegas, contras, y que no valora lo que conseguimos, que nos boicotea iniciativas, es grande, pero que muy grande su poder. El foco lo tenemos que poner en lo que nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos y para ello debemos conocer nuestros puntos fuertes y débiles para focalizarnos en aquellos aspectos que nos hacen ganar seguridad, decisión y elevan nuestro ánimo.

Para. Cuando vienen esos pensamientos lo mejor es parar. – Respira. Nos ayuda para no dejarnos llevar por ellos inspirar y expirar conscientemente, varias veces. Y, si podemos, cambiar por unos minutos de situación, si estábamos sentados levantarnos, andar un poco, aunque sea de una habitación a otra, si estás en el trabajo ir al baño, a la máquina del café, ir a otra sala… levantarte y andar, porque nos ayuda a marcar una cierta distancia.

– Visualiza. Recuerda que nuestra mente inconsciente no distingue entre realidad e imaginación. Hay que provecharlo y nada mejor que practicar diariamente ejercicios de visualización, que en realidad son de simulación lo más real posible de lo que queremos conseguir o mejorar en nosotros.

  1. PALABRAS MÁGICAS. Haz una lista de tus propias ‘palabras mágicas’, aquellas que te van a ayudar a tomar distancia de tus miedos, de tus inseguridades y que van a contribuir a darte fuerzas, ánimos. Esas palabras que te vas a tener que decir cuando te flaquean las fuerzas. Vas a tener que persuadirte. Y es importante que cuando te dirijas a ti lo hagas por tu nombre, que también refuerza tu identidad: “Natalia, tu puedes…” . Vas a tener que dar con las frases que te ayuden a motivarte y repetírtelas aunque te cueste.

Estos hábitos de comunicación interior saludable no se terminan nunca de practicar. Deben acompañarnos a lo largo de nuestra vida. La perseverancia en ellos es clave y cuando antes empecemos, al igual que en la práctica de un deporte o de cualquier actividad, antes dominaremos cómo hacerlo y notaremos cambios a positivo al tratarnos mejor nosotros mismos con nuestras conversaciones.

Así que empieza a practicar el decirte cosas bonitas, a no ser tan duro, negativo y exigente contigo mismo, a perdonarte y a celebrar tus logros.

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